domingo, 22 de enero de 2017

La producción del conocimiento queer/bisexual en España desde una perspectiva crítica situada.



La producción del conocimiento queer en España desde una visión crítica bisexual

Nota: Artículo escrito en masculino genérico desde un conocimiento situado. El término “España” en el texto responde a una comunidad imaginaria a la cual se pueden adscribir o distanciar diferentes subjetividades. 

Empecé a estudiar Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid allí en 1998 después de haber estado un mes de Inter Rail solo por toda Europa. La experiencia fue tan horrible que de ahí decidí cambiarme a la UAM y finalmente irme de erasmus a Dinamarca.

El panorama educativo que me encontré en la universidad española era de profesores que dictaban apuntes, alumnos que no hacían casi preguntas en clase y que prácticamente sacaban las asignaturas sin leer un libro, claro, a menos que fuese un libro escrito por el profesor de turno que ese sí que había que leerlo pero, sobre todo, comprarlo. Era como estar en la Universitas de la Edad Media donde los ”comentarios a” – del profesor- eran quizá más importantes que la obra original misma; y ojo con no estar de acuerdo con el profesor porque entonces corrías el riesgo de catear. Si sabías seguir las normas del juego pues se te retribuía con una buena nota, cosa que yo, en un primer momento, quise aprovechar absorbido en toda esta dinámica.

Según iba a clase me daba cuenta de que se juntaba un ambiente estudiantil donde la gente en vez de ir a clase, muchas veces, se pasaba las horas haciendo otras cosas. Allí se hablaba de todo menos de filosofía y muchas veces tenía la impresión de que la gente iba a la facultad para pasar el tiempo, lo cual me molestaba porque no veía la pasión que yo sentía en otros, al menos en quien me rodeaba en primero y segundo de carrera.

Cuando llegué a Dinamarca la historia era totalmente diferente. Aquí la gente sí que hacía muchas preguntas en clase, lo que decía el profesor no importaba tanto, es más, estaba bien visto estar en desacuerdo con lo mismo y tuve la impresión de que la gente realmente estudiaba una carrera porque le interesaba la carrera en cuestión y no por hacer algo sin más. También hay que decir que en Dinamarca empieza la gente a estudiar en la universidad a los 23 o 24 años, cuando en España muchas veces se termina a esa edad. En Dinamarca te puedes independizar a los 17 o 18 años mientras que en España eso es prácticamente imposible, más aún si quieres continuar estudiando, lo cual puede determinar qué tipos de motivaciones se tienen para estar en la universidad.

Además en Dinamarca, la nota de corte de filosofía es una de las más altas de todas las carreas universitarias mientras que en España es una de las más bajas, lo cual influye en el público que atiende las aulas y claro, también tengo que reconocer que hay una gran diferencia entre quien te encuentras en los primeros años de carrera y últimos.

En todo caso, me acuerdo que yendo a la autónoma se veía claramente quien iba a la facultad de filosofía y letras y quién a la de económicas ( que estaba al lado), mientras que en Dinamarca mucha gente que va a la carrera de filosofía tiene indumentaria e ideología de derechas, estando esto también relacionado con el tipo de filosofía que se enseña aquí: analítico-positivista. El caso es que en Dinamarca no hay carteles en las facultadas, manifestaciones o eventos críticos fuera de las aulas o asociaciones estudiantiles como sí había en España y esto responde a que las tradiciones pedagógicas son muy diferentes en un lugar y otro tanto por el contenido formal, como el sujeto-objeto de aprendizaje así como en al ambiente universitario y la situación histórico-político-social.

La forma de enseñar, aprender y de compartir conocimiento en España está en un grado muy elevado marcada por lo que se entiende como ”pedagogía instruccional”, que es un tipo de pedagogía donde el docente elige los contenidos y el alumno es mero receptor pasivo cual botella que es llenada de conocimiento. La evaluación se basa en medir el conocimiento acumulado, generalmente en escalas numéricas. Ante este tipo de corriente pedagógica donde le profesor habla y el alumno escucha tenemos la pedagogía humanista que parte de las necesidades y tempus propio de los alumnos y la pedagogía crítica cuyo objetivo no es enseñar el mundo tal y como es, sino proporcionar herramientas de cambio.

La pedagogía instruccional y el positivismo tan patente en la educación española determinan las ideas que florecen en tal sistema. Si vemos la situación desde una perspectiva histórica, podemos ver que el krausismo, por ejemplo, en cuyo seno encontramos el proyecto de la Institución Libre de Enseñanza, estuvo en gran medida basado en una interpretación sesgada de la filosofía de Karl C. F. Kraus cuya reinterpretación del alemán Heinrich Ahrens fue traducida por Navarro Zamorano al castellano y a su vez reinterpretada por Julián Sánz del Río y por Francisco Ginés de los Ríos. De la misma manera, podemos ver que Miguel de Unamuno se permite criticar la filosofía de Nietzsche en su Del Sentimiento Trágico de la Vida, aun reconociendo no haber leído en profundidad sus obras; parecidos errores interpretativos de la obra nietscheana los vemos, por ejemplo, en la filosofía de María Zambrano, por ejemplo en su Poesía y Filosofía. Esto no evita que dentro del panorama filosófico español, el krausismo, Valle Inclán y Zambrano sean referentes fundamentales y se creen estatuas y se nombren estaciones de trenes en su nombre, todo pompa y nacionalismo más que otra cosa.

Uno de los problemas fundamentales dentro del panorama educativo actual en España es que prácticamente nadie lee en inglés, francés, italiano, alemán u otras lenguas, llamémosles “extranjeras”. Todo pasa por el filtro de, sobre todo, el idioma castellano, sus traducciones y la impronta que el traductor de turno decide poner. Hay diferentes libros de filosofía como “la justicia y la política de la diferencia” de Iris Marion Young o diferentes libros de Butler que en castellano pierden gran parte de su significado original por no decir, por ejemplo, las obras de Kirkegaard donde hay pasajes enteros inventados en su traducción castellana. La traducción al castellano no sólo tiene un efecto en el qué se lee ( un refrito) sino el cuándo se lee. Por ejemplo, a pesar de que Monique Wittiq escribió “el pensamiento heterosexual” en 1980 en los últimos años he visto que a partir de su última edición en castellano del 2010 han proliferado charlas y ( libros) sobre la idea de que “las lesbianas no son mujeres”, todo esto 30 años de que Wittiq publicase su libro y de una manera totalmente descontextualizada y muchas veces promoviendo monosexismo.

Esto permite a las 4 personas que traducen del inglés/francés ( o que ponen su nombre en la traducción) marcar un poco el qué es la actualidad política dentro del colectivo LGTB y movimiento queer, por no mencionar ya el caso de Paul Preciado que viviendo en Francia y publicando mayoritariamente en francés se ha hecho el gurú de la teoría queer en castellano, aunque no creo que en castellano hay teoría queer propiamiente hablando; lo que ha escrito Preciado es más bien un sucedáneo de Derrida-Foucault-Butler que cualquier persona un poco al día en filosofía continental puede ver que no es tan subversivo a pesar de su forma y vocabulario. El caso es que en España lo que se publica fuera del país y en otro idioma ( sobre todo si es otro idioma colonialista y opresor) vale más que lo producido allí.

El caso es que en este panorama, donde la gente lee en castellano cosas que otros interpretan, y que traducen cuando creen conveniente pues también la gente se suele quedar con cuatro frases decontextualizadas a partir de las cuales vertebra cierto “activismo” y que como se repiten en charlas, asambleas o discusiones de tú a tú se van reificando y reforzando cual dogma. Hay numerosos casos que podría nombrar dentro del movimiento queer como el cómo se ha instrumentalizado la teoría queer para fomentar el monosexismo y crear una identidad “transmaribollera” hiper-identitaria definida en términos de culos, coños y demás términos, por lo general, biologicistas y reduccionistas de la sexualidad humana, más propios de la segunda ola del feminismo que de lo que se cuece ahora en otros lugares.

Sin embargo, creo que aquí – en este blog- es importante mencionar los problemas que yo veo que ha hecho el activismo bisexual, porque el blog trata de la bisexualidad y si me pongo a escribir de las cagadas monosexistas, pues este texto tampoco acabaría.

El activismo bisexual celebra cada 23 de septiembre el día de la bisexualidad. Por qué? Bueno, pues parece ser que alguien ha oído que ese día se celebra en otros sitios del planeta ( o sea EEUU) y es porque ese día nació Freud y una persona habrá tenido la curiosidad de desinformarse en Wikipedia de que fue Freud quien inventó el término bisexualidad y ya….. confeti y banderas, el activismo identitario en éxtasis: Tenemos un día para reforzar nuestro SER colectivo, para BISIBILIZARNOS.

Total, que como un soniquete se repite año tras años que en el 23 de setiembre se celebra el día de la bisexualidad porque Freud blah blah blah. El caso es que no fue Freud el que empezó a escribir sobre bisexualidad sino Wilhelm Fliess, que escribió sobre una bisexualidad innata, termino que plagió Freud para basar su teoría psicoanalítica donde la bisexualidad era un estado innato-latente pero nunca algo presente salvo en personas con “hermafroditismo psíquico”. Freud basó gran parte de su teoría psicoanalítica en el darwinismo y en la idea, iniciada por Alekander Kovalevsky, de que el “hermafroditismo” ( concepto científico-histórico) indicaba un lugar bajo en la escala evolutiva, como podemos ver en el caso de las ascidias. A más evolución más monosexualidad según esta gente y ,claro, la evolución es lineal, teleológica y fantástica, o sea un calco de la historia monoteísta que entiende el tiempo en un progreso desde el génesis al apocalipsis, para que luego antepongan ciencia-religión, cuando lo primero suele ser una reproducción de los presupuestos de lo segundo.

La paciente sobre la cual Freud escribió más sobre bisexualidad fue Dora. En su “tres ensayos sobre la teoría de la bisexualidad” Freud intentó crear una teoría basada en la idea de que Dora estaba enamorada de un tal Herr K ( señor K) , cuando en el fondo Dora estaba enamorada de la mujer del tal Herr K, Frau K ( la señora K); pero nada, Freud empeñado que la tal Dora estaba enamorada de Herr K lo cual hizo que su investigación en este caso se fuese al garete. También las interpretaciones que hizo Freud sobre los sueños, como el del hombre lobo de Odessa, estaban marcadas por un gran grado de heterosexismo, machismo y monosexismo así como malentendidos por doquier. Por ello, parece mentira que se celebre el 23 de septiembre el nacimiento de Freud, una persona totalmente monosexista y que, por cierto, tampoco fue la primera que habló de bisexualidad en absoluto, pero esto le da igual al activismo identitario.

Hay un vínculo entre decir que la bisexualidad es la atracción a “hombres y mujeres” y también es “hermafroditismo”. Ambos términos problemáticos e intersexfóbicos, pero ahí está un poco su razón de ser. La bisexualidad fue pensada como una representación psíquica de un elemento somático “primitivo” como el de las ascidias de ahí que bisexualidad hace referencia tanto a una materia como a una subjetividad. Pues bien, el activismo bi normativo malinformado ha querido promover que en la RAE se quite la definición de “hermafrodita” bajo el término bisexual porque es “errónea”. Bueno, el activismo bi malinformado no, una asociación que no hace apenas activismo bi crítico y busca figurar. El razonamiento de esta gente es que el término de la RAE es bifóbico y habría que eliminarlo; pero claro, eliminando esa acepción se erradica una parte de la historia del movimiento bisexual, su genealogía y las incongruencias que residen en la base de toda identidad también en la incongruencia propia del término heterodesignado “bisexual” que, como “homosexual”, tiene un origen dentro de un discurso patológico. No opino que haya que lavar la imagen de las etiquetas que usamos para identificarnos y menos aun cuando parten de un discurso clínico y biologicista, sino desenmascarar todas las complejidades de su genealogía, sobre todo si nos las vamos a reapropiar tenemos que hacerlo de una manera informada.

Otro caso interesante es “la definición de bisexualidad” que la gente suele repetir como un soniquete y de memoria, es decir que “la bisexualidad es la atracción a uno o dos géneros, no necesariamente a la vez ni con la misma intensidad….. “ zzzzz…..bueno, el caso es que esta “definición” se le ocurrió a una tal Robyn Ochs y para cuyo libro “getting bi” yo escribí un texto hace más de 10 años. No sé cómo llegó esta definición a España, creo que hablamos de ella Elena, Xurxo y yo en el bicon de 2010 y decidimos “importarla” porque en ese año tenía sentido. El caso es que poca gente activista bisexual se preocupa en contextualizar esa “definición” y mucho menos en ver lo problemática que es. Por ejemplo, tal definición pone la atracción a géneros en el centro de la orientación sexual misma privilegiando y reproduciendo, de esta manera, el paradigma monosexual que reduce la atracción a géneros. En las jornadas desorientadas en abril del año pasado en Madrid se criticó esta definición y lo hicieron activistas antimonosexistas, sin embargo para la mayor parte de la gente esta definición es incuestionable como cuando la peña monosexista va por ahí balando que “bisexualidad significa dos” como si fuese una verdad así porque sí. Estas posturas más que revolucionarias y subversivas tienen un carácter altamente dogmático y positivista ya que dan privilegio a una autoridad que produce un pensamiento único y, además, parten de la premisa de que las palabras reproducen una realidad unívoca que nos transciende.

Realmente todas estas cosas me han llevado a cansarme cuando escribo en castellano, hay cada vez menos motivos para expresarme en esta lengua, al menos desde una perspectiva política postestructuralista y dado el contexto donde vivo, aunque haya gente con la que sí merezca la pena debatir y discutir y aunque haya algunos pocos textos interesantes y originales producidos en este idioma como los que veo en Reflexiones Degeneradas. El problema es también que gran parte de los textos producidos en castellano ( véase el fantástico – creo yo - blog de Lille Skvat) curiosamente llegan a tener un impacto ( también en España) cuando son re-interpretados y publicados en inglés. Por ejemplo, el “paraguas bisexual”, término que se le ocurrió a Lille Skvat llegó a ser conocido, sobre todo, cuando S. Eisner lo plagió en inglés; y claro, ya el activismo normativo bisexual en España hablando del paraguas bisexual a bombo y platillo, mientras que Lille Skvat ya ha escrito que no le gusta para nada ese término ya y encima ha habido bastantes críticas sobre el mismo de gente pan y bi no normativa/anti identitaria. Incluso, para más inri, hubo hace poco un número del Journal of Bisexuality que trataba específicamente del “paraguas bisexual” así como si hubiese surgido ex nihilo.

Conclusión: Como sigan así las cosas nos van a quedar estructuras de poder para un buen rato, reproducidas por gente que yendo de subversiva básicamente lo que hace es reforzarlas porque nuestro subconsciente mismo viene determinado por ellas.
DCCD
Deconstruye-Critica-Crea-Destruye




domingo, 4 de diciembre de 2016

Deseo, Existencia y Monosexismo



"Que las cosas estén en proceso de transformación no es ningún mal, como tampoco es un bien lo que surge a partir de esa transformación"

4.42.1 Marcus Aurelius (meditaciones)

Las orientaciones sexuales hablan el lenguaje del ser, que es un tipo de lenguaje que identifica, define, clasifica, ordena y sistematiza: ¿ Quién eres?, ¿ cómo eres? ¿ de dónde eres? ¿ por qué eres? ¿ cuándo eres? ¿ cuánto eres?, ¿ qué eres?.

A través del lenguaje del ser construimos una esencia que fácilmente puede ser reconocible y taxonomizada. Mediante esta taxonomía podemos discernir una cualidad, una cantidad, un lugar y una modalidad entre otras categorías del ser ya sea entendido como individual o grupal. De esta manera, el lenguaje del ser nos lo pone fácil para saber qué se puede esperar de une misme y de les otres. Esto también nos otorga una posición-en-el-mundo así como cierta tranquilidad ante un caos aparente.

¿ Eres bisexual? ¿ por qué no eres pansexual? ¿ cuándo fue la última vez que estuviste con una mujer? ¿ cuánto tiempo has sido bisexual? ¿ cuánto de heterosexual eres en porcentaje? ¿ serás también bisexual si cambia el género de tu pareja?


Las respuestas que demos a estas preguntas no son meramente descriptivas, son constitutivas ( performativas). Con ello quiero decir que las respuestas que demos a estas preguntas no es que reflejen una realidad dada sino que la respuesta misma crea una realidad a partir de la cual tanto les otres como nosotres mismes esperamos una conducta específica. Por ejemplo, a un hombre que responda que sí a la pregunta “¿eres bisexual?” y que no se acueste con otros hombres se le preguntará además el porqué no lo hace, ya que no estará respondiendo a las expectativas comúnmente adscritas a la identidad bisexual que adopta; incluso él mismo puede llegar a plantearse su legitimidad para identificarse con la etiqueta “bisexual”. Las expectativas ligadas a la identidad adoptada están entre sí concatenadas en una madeja de tal manera que es difícil renegar de una de ellas sin romper con la identidad misma.

El activismo bi identitario lo que hace, en gran medida, es reforzar esa imagen fija de bisexualidad para que las personas bisexuales puedan tener un lugar habitable y reconocible en el mundo con sus paredes, su techo, su chimenea y sus camas. Este tipo de activismo lo que trata de hacer es luchar contra la erradicación monosexista de las personas bisexuales debido a una lógica binaria y opresiva. 


Ya en el 2002, Miguel Arroyo Fernández escribió sobre este problema en su texto “monosexismo y bifobia”:

“En Occidente ocurre actualmente algo bastante intrigante: parece asumirse como algo evidente que los seres humanos somos heterosexuales u homosexuales, categorías que, de acuerdo con la concepción predominante, serían excluyentes entre sí excepto en el caso de unos bichos raros, los bisexuales, que nadie sabe bien quiénes son ni dónde están”.

Contra este “que nadie sabe bien quiénes son ni dónde están” se ha alzado el activismo bisexual normativo en los últimos años visibilizando lo que entienden como realidad bisexual.



El problema es cuando el lenguaje usado para visibilizarse ( el lenguaje del ser) es un lenguaje estático que nos reifica como sujetos y no nos deja salir de los límites del mismo pese a que los límites adoptados puedan ser plurales.
Contra este tipo de activismo me gustaría hacer hincapié en un malentendido generalizado y en gran parte fomentado por un positivismo incuestionado: el que el ser equivale al existir. Porque se puede ser sin existir y existir sin ser, el equiparar el ser al existir puede llevarnos a tener una vida inauténtica que también puede acabar en una alienación y en un nihilismo donde las expectativas sobre la identidad que adoptamos nos pueden constreñir en una asfixia determinista.


Asimilando el existir al ser, el lenguaje del deseo, que es fundamentalmente poético y móvil, se ve reducido a aquellas expectativas de la razón lógico-deductiva que intentan limitar el mundo a parámetros categoriales entendibles y aceptables desde el estatismo del positivismo. Sin embargo, no todes estamos constituides linealmente, parafraseando a Deleuze podríamos decir que no todes somos un árbol con sus raíces su tronco y su verticalidad, sino que algunes estamos cual rizoma que va añadiéndose y transformándose de maneras múltiples e inesperadas.

                                    

La solución que planteo en base de esta perspectiva no es el existir siendo sino el existir estando de tal manera que el énfasis no sea ya el ser, estático e identitario, sino el estar, procesual y circunstancial. Las diferencias entre el ser y el estar que vemos en algunas lenguas neolatinas como el castellano, el gallego, el catalán o el italiano, son inexistentes en las lenguas que han dominado dentro del canon de la historia de la filosofía occidental como el griego, el latín, el alemán y el francés. Por eso, las personas que han desarrollado filosofía en estas lenguas y se han aproximado a la diferencia ontológica representada por el ser y el estar han creado su propio vocabulario y sus propias formas de expresión para indicar dicha diferencia ( el Dassein alemán, la diferencia entre ipse e idem de Ricouer, los aforismos de Nietzsche y Heráclito….)


Sin embargo, esta distinción dentro de la historia de la Filosofía ha sido fundamental porque el estar no permite las mismas preguntas que se le hacen al ser ya que responde a otro plano ontológico. Al estar no se le pregunta “¿ De dónde eres?” ( suponiéndose un origen estático y constituyente) sino ¿ dónde estás? ( que hace referencia a un aquí y a un ahora). Así mismo, al estar no se le pregunta “¿cómo eres? (que es  identitario y clasificador) sino ¿cómo estás? ( que, igualmente, hace referencia a un estado ).
Si para el ser el “de dónde se es” determina el “cómo se es”, para el estar el “dónde se está” determina el “cómo se está”. Esto no es otra cosa que es perspectivismo filosófico, la circunstancia misma sobre la cual Ortega y Gasset escribió en sus meditaciones del quijote.


(diseño de Alfonso Casas Moreno)

En esta línea, la filósofa Maite Larrauri en su libro “el deseo según Deleuze” ( Valencia 2000) nos comenta en referencia a la filosofía de Deleuze:

“Asimismo, cuando asumimos una identidad sujetamos el desarrollo de nuestra potencia de vida a los deseos, a las ideas y a las formas de vida propias de esta identidad (...). El yo personal se alimenta de estos deseos, ideas y formas y no deja que prolifere nada que no esté de acuerdo con esta identidad. Estamos aprisionando la vida… El devenir comienza cuando rompemos las líneas duras del ser.”

El “estar” nos abriría las puertas al devenir deleuziano al que Larrauri hace referencia, un devenir donde no sabes quién eres y en el que tienes que experimentarte en el estar. La aproximación rizomática de Deleuze al deseo rompe con todo el paradigma taxonómico en el cual están encuadradas las orientaciones sexuales, abriendo las puertas a lo que Karen Barad llamó la intra-acción y que se podría ilustrar aforísticamente con la poética frase de Spinoza:  “yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti”.

En un mundo donde el deseo se ha moralizado tanto y donde gran parte del activismo bisexual es apologético: no somos tal, no somos pascual, sí somos tal, sí somos pascual así como reificante, creo que es importante reivindicar el estar como una forma de conectar con un mundo. 



También porque las estructuras de poder y, aquí en concreto el monosexismo, hablan el lenguaje del ser sin entender el lenguaje del estar que no pueden codificar. Se podría decir que, de la misma manera que la taxonomía racial es un producto del racismo y no lo contrario, la taxonomía de lo que entendemos como orientaciones sexuales es también un producto de ciertas estructuras de poder, por ello la etiqueta "bisexual" es  un producto del monosexismo y no anterior al mismo, así como las etiquetas "heterosexual" y "homosexual" son un producto del heterosexismo ( y del monosexismo).  


En un mundo estructurado por el monosexismo lo difícil no es desear según las prerrogativas del monosexismo y el lenguaje del ser, sino romper ese lenguaje y esas prerrogativas mismas y abrirnos a la intra-acción del devenir. Según Spinoza, las personas somos conscientes de nuestros deseos pero ignorantes de las causas que los determinan. Por ello, entender las causas de nuestros deseos, el qué nos atrae y el qué no y el porqué resulta una tarea fundamental para empezar a romper las líneas del ser y abrirlas al estar. 

 
(diseño de Max)

En este proceso resulta importante tomar consciencia del papel que el monosexismo juega en nuestras vidas como estructura de poder y aprender a convivir con él, no ya desde el resentimiento conformista ni desde la negación engañadora sino desde el reconocimiento de que el monosexismo como estructura de poder es parte constitutiva de nuestras vidas y que hemos de buscar la felicidad allí donde nuestro poder transformador rompa con los parámetros identitarios del monosexismo establecidos a partir del lenguaje sistemático, clasificador y jerarquizante del ser y así poder abrir las puertas a una coexistencia constitutivamente intraactiva y colectiva en las diferentes formas del estar.

 
(diseño de babs)